EL DIARIO SECRETO DE FILARCO DE ALEJANDRÍA

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“ Porque no escribimos historias, sino vidas; ni es en las acciones más ruidosas en las que se manifiestan la virtud o el vicio, sino que muchas veces un hecho de un momento, un dicho agudo y una niñería sirven más para pintar un carácter que batallas en que mueren millares de hombres, numerosos ejércitos y sitios de ciudades. Por tanto, así como los pintores toman para retratar las semejanzas del rostro y aquellas facciones en que más se manifiesta la índole y el carácter, cuidándose poco de todo lo demás, de la misma manera debe a nosotros concedérsenos el que atendamos más a los indicios del ánimo, y que por ellos dibujemos la vida de cada uno, dejando a otros los hechos de grande aparato y los combates.”

(Plutarco, Alejandro, I, Hernán Pino)

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OVIDIO

Hemos salido a alta mar. El día está claro y el viento es favorable. Poco a poco la isla de Faros se va difuminando en la lejanía, pero no así mi añoranza y mis recuerdos. No puedo dejar de escribir, aunque el balanceo de la nave distorsione las palabras y el viento arrastre la tinta como si dibujara las letras con mis propias lágrimas. Pero, no. Ya no más. Yo no voy a titular mi diario Tristes como hizo Ovidio cuando se dirigió al exilio. A partir de ahora evocaré el pasado con la alegría de lo vivido y el presente con la ilusión que conlleva lo que está por descubrir. Canto, pues, a las musas, aunque mis sienes no luzcan la corona de hiedra ni la de encina, para que sólo broten de mis labios palabras animadas.
No obstante, habré de conducirme con prudencia, pues Ovidio, uno de los mayores poetas que ha dado la historia, cantó al Amor con tan tierna desmesura que Augusto lo condenó para siempre a las frías tierras de los getas. ¡Ya no se puede cantar al amor en estos días de paz prolongada! La paz del Príncipe ha puesto grilletes a la poesía.
Sabiendo esto, no he de caer yo en la misma trampa. Por esta razón mi diario deberá permanecer secreto en cuanto pise los confines ausonios (Italia).
¡Oh, dioses! ¡Qué hay de malo en el amor, si se ama con prudencia y respeto! Ovidio amó a la vida por encima de todas las mujeres (excepto,  tal vez, de su tercera esposa) y ese canto lo elevó a la categoría de arte:  "Arte citae veloque rates remoque moventur, Arte leves currus: arte regendus amor."(1)
Publius Ovidius Naso
















("El arte impulsa con las velas y el remo las ligeras naves, el arte guía los veloces carros, y el amor se debe regir por el arte." )
La Fortuna me ha negado la presencia de Ovidio en Roma, yo que soy uno de sus más entusiastas lectores, pero todavía me queda la esperanza de que su mujer y algún amigo fiel que no le han acompañado me hablen de sus poemas. ¿Encontraré en Roma sabios tan relevantes como los que habitaron y habitan todavía el Museion de Alejandría?
Roma ha dado grandes hombres, pero la mayoría pertenecen a una generación pasada y ya no están entre nosotros, recordaré solamente en estas líneas a Virgilio, Horacio, Tíbulo, Propercio y Vitruvio. Expulsado Ovidio a los confines del Ponto, tan sólo queda Tito Livio en la capital.
Quisiera plasmar aquí el resumen de su Elegía Autobiográfica(2) para que no se olviden las circunstancias de su obra:
Publio Ovidio Nasón amó la vida tanto como ahora la llora, aunque nació en uno de los tiempos más revueltos, pues no hacía más de un año del asesinato del gran Julio César. Su familia tuvo más suerte que la de Virgilio y Propercio y no sufrió tanto los desastres de la guerra; pertenecía al orden ecuestre, antiguos latifundistas con una buena situación económica.
Para cuando llegó a mocito, Augusto  ya había ganado todas las batallas y su padre decidió enviarlo junto con su hermano, un año exacto mayor que él (celebraban el cumpleaños el mismo día haciendo ofrenda de dos pasteles), a completar su formación en Roma. Él mismo en el Libro IV de sus Tristes cuenta que a diferencia de su hermano se sentía atraído por los misterios celestes contra la voluntad de su padre, que le recordaba constantemente que incluso Homero murió pobre.
Quiso durante unos años obedecerle y vistió la púrpura con laticlavo de los jóvenes que seguían la carrera política, fue uno de los triunviros encargados de la vigilancia de los prisioneros y otros asuntos judiciales, pero cuando estaba cerca de entrar en el Senado decidió dejarlo todo y dedicarse exclusivamente a la poesía, porque, según cuenta, todo lo que intentaba escribir le salía en verso.
¡Ovidio, sin duda, ha nacido con el don de la poesía!
La muerte de su hermano mayor a los veinte años le convirtió, ¡oh, destino!, en el único heredero de la fortuna familiar y, a partir de entonces, cultivó la amistad de los poetas de su época, todos mayores que él, como Propercio, despreciando la ambición de los cargos políticos.
Tal vez aprendió de ellos que el amor se acaba y la belleza se desvanece, pero la poesía, por el contrario, permanece en el tiempo.
Ingresó en el círculo literario que patrocinaba Mesala Corvino, en el que participaban también Tíbulo y la poetisa Sulpicia, un tanto distanciados de la moral impuesta por el Príncipe. Frecuentó los recitales poéticos que daba Horacio con la lira y se sintió cautivado con sus cultos poemas, e incluso llegó a conocer a Virgilio. Así, alentado por el ambiente poético de los mejores, comenzó a escribir y a leer en público sus poemas. Es cierto que todavía se sentía inseguro y muchos de ellos fueron arrojados al fuego, pero los dioses ya le habían elegido.
Se casó tres veces, la primera esposa se la había impuesto su padre cuando era muy joven y tardó poco en divorciarse; la segunda fue mejor que la anterior y tuvo una hija con ella, pero tampoco duró mucho; Fabia, la última, era la más querida, aunque no fue al exilio con Ovidio para poder interceder por él en Roma y cuidar de su patrimonio.
En lo mejor de su vida, a sus 52 años, cuando lo tenía todo, un inocente error, según dice, le llevó al destierro y todavía los hados fueron favorables, pues pudo conservar la ciudadanía y los bienes.
Ahora llora su destino con lágrimas amargas y no tiene otra compañera que la Musa que le inspira las elegías más tristes destinadas a ablandar un corazón de granito. Si está en mi mano influir de algún modo, aunque sólo sea que la posteridad no olvide a uno de los mejores poetas de todos los tiempos, pongo a disposición estas humildes páginas de otro relegado. Sus obras están al alcance de todos.




(1) ARTIS AMATORIAE, L. I, 3
(2) TRISTES, L.IV
EL DIARIO SECRETO DE FILARCO DE ALEJANDRÍA es un relato de ficción, pero basado en hechos reales. Pretendemos contar la historia de una forma más espontánea, atendiendo más a los personajes históricos que a los grandes acontecimientos. No obstante, todo lo que se narra en estas páginas está rigurosamente comprobado, siendo ficción tan sólo la trama central.

BIOGRAFÍAS RECOMENDADAS

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FUENTES CONSULTADAS

  • DIÓN CASIO: HISTORIA ROMANA. Ed. Gredos.
  • OVIDIO: TRISTES Y PÓNTICAS. Ed. Gredos.
  • PLUTARCO: VIDAS PARALELAS, ANTONIO. Ed. Gredos
  • SUETONIO: VIDAS DE LOS DOCE CÉSARES, AUGUSTO

BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA

  • J. Tyldesley: CLEOPATRA. Ed. Ariel. Barcelona, 2008
  • K. Bringmann: AUGUSTO. Ed. Herder. Barcelona 2008
  • O. Von Wertheimer: CLEOPATRA. Ed. Jubentus. Barcelona 1932
  • P. Lévêque: EL MUNDO HELENÍSTICO. Ed. Paidós. Barcelona, 2005
  • W. Schuller: CLEOPATRA. Ed. Siruela. Madrid, 2008